Carta a Homer Simpson: Madrid Arena y el “modelo español” (II).

Querido Homer Simpson.

Después de mi última carta, vuelvo a escribirte en relación a los sucesos del Madrid Arena del pasado año.

Como bien sabes, con el paso del tiempo, uno nunca deja de sorprenderse lo vulnerable que somos los humanos. Aspiramos alcanzar el bienestar social; pero nos cargamos las ayudas sociales, pretendemos fomentar la evolución de España; pero suprimimos sus derechos más básicos, queremos que nuestros hijos nazcan sanos y educados; y se nos ocurren leyes anti-abortistas y subida de tasas universitarias, buscamos la seguridad; y resulta que la inseguridad la provocamos nosotros mismos. Recordarás que cuando sucedió el trágico suceso del Madrid Arena, te conté que es nuestra impronta, que los humanos somos así, para lo bueno y para lo malo. Tenía la esperanza de que con el paso del tiempo hubiésemos aprendido algo. Y hoy, un año después tenía esa misma ilusión cuando leía que se iba a modificar la normativa de espectáculos públicos de Madrid (Ley 17/1997), gracias sobre todo al empeño de los familiares de las víctimas y la recogida de firmas de muchos ciudadanos aún en estado de Shock. Pues bien viejo amigo, tú que lo ves todo de una forma tan simple, estoy seguro de que me comprenderás cuando te digo que a los familiares de las víctimas y a los madrileños, les han vuelto a engañar.

Con una rapidez propia de quien tiene más prisa por quedar bien, que por hacer bien las cosas, la propia Comunidad de Madrid ha aprobado la Ley 4/2013, una modificación de su anterior Normativa de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas, también llamada LEPAR. Donde encontramos una aplaudida y enérgica modificación del régimen sancionador que parece adelantada a sus tiempos, donde ahora se depuran responsabilidades, se aplican acciones que refuerzan la respuesta ejemplar de los poderes públicos ante conductas que impliquen el incumplimiento de las medidas de seguridad de los locales y recintos, donde se publicará, nada más y nada menos que en el BOE, los datos referidos a aquellos empresarios que les sea impuesta sanción de inhabilitación por realizar comportamientos ilícitos relativos a una concentración masiva de personas en el evento que ha sido objeto de sanción -¡al paredón con ellos!-. Pero que pasa por alto una parte muy importante, por no decir fundamental, que es la actualización de las medidas de seguridad. En otras palabras Homer, se han olvidado actualizar, o eso quiero pensar, los Planes de Autoprotección, algo que ya se mencionó tímidamente en la redacción original de la LEPARde Madrid cuando se aprobó en 1997 y que 10 años después, con la entada en vigor del RD 393/2007, se establecieron una serie de elementos y herramientas que marcarían las medidas de seguridad mínimas para este tipo de actividades, pieza clave para corregir uno de los principales fallos que provocaron el Madrid Arena.

En el momento de escribirte esta carta, hace escasas horas que entró en vigor la nueva LEPAR, había que evitar tropezar otra vez con la misma piedra en plena campaña de navidad, así que aprueban una “modificación” de la normativa, que además de ineficaz, tengo la impresión de que se burla de las propias víctimas y de sus familiares, mencionando unas sanciones para aquellos que no cumplan las medidas de seguridad exigidas, pero que se olvida de actualizar y concretar qué medidas son esas, dejándolas como en el 2007, hace ahora más de 6 años, -menuda jugada-. Tal vez deberíamos hacer lo mismo con todas las normativas que se están aprobando últimamente por Decreto Ley; incluyamos elevadas sanciones para aquellos que se manifiesten en la calle, pero no definamos que se considera manifestarse, aprobemos una ley del aborto mucho más restrictiva, pero olvidémonos de definir que es abortar, o mejor aún, que el propio Gobierno anule sus propios indultos, pero no solo cuando lo diga el Tribunal Superior de Justicia.

Querido Homer, a veces te envidio por vivir en tu ignorancia, sin embargo cada vez le encuentro más sentido a la historia de Mouseland de Clarence Gillis. Elegimos el color rojo y nos defraudan, elegimos el azul y nos engañan, supongo que cuando elijamos el rosa o el verde, o el azul y rojo, o el rosa y azul, o incluso el purpura, seguiremos inmersos en la misma situación, porque seguimos sin ver que vivimos en un mundo de ratones gobernados por gatos.

No creas que mi mensaje es pesimista, es más bien realista. El problema no es si el fin justifica los medios, es si el fin es éticamente correcto, aunque los medios no sean moralmente aceptados. Es posible que estemos destinados al fracaso como dice Pérez Reverte. Ya se acabó el romanticismo y poco a poco se van apagando las reivindicaciones. Pronto solo nos revelaremos a golpe de Tweet o escribiendo cartas como esta.

Un fuerte abrazo.

E. Tadeo

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